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Sat Sep 1 18:35:06 CEST 2007
La historia robada
ALEJANDRO MAÑES Un navegante que se acerca a Las escalas de Levante -como
titula Amin Maalouf- en Oriente Medio tiene que partir de Chipre, como uno
que inicia viaje hacia Poniente, también tiene que hacerlo desde la misma
isla. Así, el británico Hepworth Dixon, en 1877, en British Cyprus, lleva su
análisis a este centro geográfico, llegando a la misma conclusión que
Heródoto, nacido en Halicarnaso, actual Bodrum (Turquía), 485 años antes que
Cristo, quien en su Historia, entre todas las grandes cuestiones de su
tiempo, centra su atención en la siguiente pregunta: ¿Por qué dos mundos,
Oriente y Occidente, luchan el uno contra el otro desde hace tantos siglos?
¿Siempre ha sido así? ¿Así será siempre?
La cuestión atrajo la atención, entre otros, de Ryszard Kapuscinski,
fallecido hace unos meses, quien en un complejo libro titulado Viajes con
Heródoto confiesa que no hacía falta esperar el momento en que aparecieran
personas anunciando el choque de civilizaciones, ya que éste podía haberse
advertido hace mucho tiempo, tan sólo con conocer la obra monumental de
aquel griego universal que fue Heródoto.
Atraídos por la enormidad de su pensamiento -la Historia se compone nada
menos que de nueve libros- las palabras de Heródoto introducen el viaje a
Chipre. También Lawrence Durrell, quien entre 1951 y 1956 expone en Limones
amargos los agitados años vividos por esta isla -tercera más extensa del
Mediterráneo- para lograr su independencia. Una vez allí, junto a la
complejidad del conflicto entre griegos y turcos, se extienden las
autoridades chipriotas sobre el ilícito comercio de antigüedades, al
presentar en el Museo Arqueológico de la capital, Nicosia, la exposición
Ustedes han sido robados, que días más tarde sería trasladada al de Benaki,
en Atenas. Ésta incluye el relato de la retirada de los mármoles del
Partenón, por lord Elgin en 1801, y su traslado al Museo Británico, cuya
reivindicación por las autoridades griegas es conocida en todo el mundo.
Como también la reivindicación constante de las autoridades chipriotas para
la recuperación de gran parte de su patrimonio arqueológico, que resulta
menos conocida.
Igualmente se conoce menos la extensión del botín obtenido en otros lugares
arqueológicos que continúa produciéndose hoy en día. De este modo, la
mayoría de las antigüedades arqueológicas que aparecen en venta en
diferentes países del mundo han sido ilegalmente excavadas y sacadas de
contrabando de sus lugares de origen. Hoy son pocos los objetos de antiguas
colecciones que aparecen en el mercado, mientras el comercio se realiza
principalmente a través del tráfico ilegal de restos arqueológicos. En
contraste con los mármoles de Elgin, que fueron debidamente presentados -sin
pretender con ello justificar el hecho- la procedencia de otros valiosos
objetos, cuya manipulación se esconde, nunca será conocida. Nunca
conoceremos el porqué fueron creados, dónde estuvieron ubicados, y lo que
ellos pueden aportarnos sobre nuestro pasado histórico. Tomados fuera de
contexto pierden todo su valor arqueológico.
El constante incremento del número de museos en Estados Unidos y la
creciente demanda de este tipo de restos arqueológicos por coleccionistas
privados en Europa, Norteamérica, Japón y Australia, han agotado la oferta
legal de estos objetos. La situación se agrava principalmente en países en
conflicto. Recientes estudios muestran que el 45% de los lugares
arqueológicos de Níger han sido dañados. En general, el tráfico ilegal de
antigüedades florece en países donde la inestabilidad política o la guerra
prevalecen. Las excavaciones ilícitas y el robo de antigüedades han sido
especialmente severos en países como Líbano, Somalia, Camboya, Afganistán e
Irak, en los últimos tiempos.
El botín en lugares históricos para obtener ganancias ilegales se ha
convertido en el más serio reto de la herencia cultural universal. Por ello,
la Unesco adoptó en 1970 la Convención con el fin de prevenir la importación
ilícita, exportación y transferencia de la propiedad de bienes culturales.
En 1972, tras su ratificación por los cuatro primeros firmantes, la
Convención de la Unesco entró en vigor. Hoy son ya 109 los países que la han
adoptado: Estados Unidos la firmó en 1983. El Reino Unido, en 2003. Tras la
Convención, hubo museos, coleccionistas y tratantes que todavía utilizaron
documentos falsificados para amparar sus operaciones de procedencia
desconocida, ya que al incrementar las dificultades para el tráfico ilegal
de antigüedades se elevaron los precios de las mismas y aparecieron
colecciones privadas -previamente ignoradas- con objetos de procedencia
silenciada.
De manera que aún cuando las adquisiciones hechas por grandes museos hayan
sido ampliamente criticadas, los botines obtenidos de África, Asia y
Latinoamérica han resultado altamente productivos. De este modo, la
destrucción de lugares arqueológicos es todavía ampliamente practicada, y en
ocasiones tan severa como para perder cualquier esperanza de reconocer su
propia historia. Así, el arqueólogo Colin Renfrew advierte que la más
importante pérdida ocasionada por la rapiña arqueológica es la destrucción
de información, ya que aún cuando sobrevivan los hallazgos, al hallarse
éstos fuera de contexto, se pierde su memoria histórica.
*Centro Unesco Valencia.
http://www.levante-emv.com/
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