[MSN] El arte del crimen
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Sun Jan 21 11:01:52 CET 2007
El arte del crimen
P. MUÑOZ
MADRID. «En el mundo del arte se mueven los expertos, pero también los
pillos. Y en ocasiones coinciden en la misma persona unos y otros», explica
el jefe de la Brigada del Patrimonio Histórico de la Comisaría General de
Policía Judicial, que dirige un equipo de investigadores reducido, pero
altamente especializado. Su trabajo, habitualmente, apenas se refleja en los
medios de comunicación, pero sus pesquisas han sido muy importantes en casos
tan conocidos como el del asalto a la vivienda de la empresaria Esther
Koplowitz, o más recientemente -a principios de diciembre último- en la
intervención de un falso Velázquez y otras obras de arte, cuyos propietarios
intentaron vender, sólo la primera de las obras, en 900.000 euros. La
investigación desveló, además, toda una trama de engaños perfectamente
urdida por los implicados.
La Brigada actúa en tres campos fundamentales: recuperación de piezas
robadas -«hay unos 50 ó 60 robos al año, la mayoría de obras de poco
valor»-; falsificaciones -«las hay burdas, pero hay otras como la última
descubierta que son muy difíciles de detectar»-, y el expolio de yacimientos
arqueológicos.
La Brigada del Patrimonio Histórico apenas interviene en los casos de robo,
que son investigados por las plantillas a no ser que lo sustraído sea de
gran valor, como sucedió en el «caso Koplowitz». El control de las redes
clandestinas de distribución de obras de arte, un trabajo delicado y
complejo, resulta fundamental en estos caso.
Pero al margen de estos supuestos, el verdadero caballo de batalla de estos
agentes es la falsificación. «El comercio de arte es el tercero o cuarto en
importancia del mundo, se mueven enormes cantidades y hay quien se quiere
aprovechar de ello», dice el jefe de la Brigada. «No sabemos el volumen de
falsificación que hay, porque ocurre como con las drogas, sólo hay
constancia de lo que se interviene. Pero las piezas falsas se recuperan por
miles, de modo que detrás tiene que haber mucho más».
La falta de una regulación más precisa en este campo complica las cosas. «En
este mundo aparecen constantemente certificados de gente que dice ser
experta y que avala la autenticidad e importancia de una obra -explica el
jefe de la Brigada-. La mayoría son reconocidos por todos, pero, en
cualquier caso, son ellos los que se proclaman como tales. Y también hay
quien dice serlo, emite informes que parecen rigurosos con todo tipo de
detalles para aparentarlo y, en definitiva, colabora en lo que no deja de
ser una estafa. Eso ocurrió en el último caso del falso Velázquez».
No existe, por tanto, no ya una licencia que conceda el Estado a quien
acredite conocimientos suficientes, ni siquiera un colegio profesional que
pueda pedir cuentas y una serie de requisitos para poder emitir un informe
de cuyas conclusiones -no hay que olvidarlo- dependen negocios
multimillonarios. «Se ha dado el caso de que incluso a expertos serios «se
les ha ido la mano» en ocasiones, de modo que es fácil imaginar qué puede
hacer el resto».
Los grupos dedicados a esta actividad actúan de forma aislada, cada uno se
especializa en un campo, pero colaboran con los demás cuando es preciso. Si
uno es especialista en cuadros y el cliente necesita una escultura, se hace
el contacto y se pactan los términos del «negocio». Pero no hay una
estructura que los coordine.
En cuanto al expolio de yacimientos arqueológicos, todos los datos apuntan a
que no ha disminuido. De nuevo aquí hay lagunas, en concreto en el tipo
aplicable del Código Penal, que no es demasiado claro en este punto. Los
jueces son remisos a aplicarlo y normalmente piden a la Policía que
averigüen de qué yacimiento provienen las piezas y cuándo fue encontrado.
«La simple tenencia no la suelen castigar», dice la Policía. En este campo,
una vez más, las falsificaciones están a la orden del día. Un dato: más de
la mitad de las monedas antiguas que circulan son falsas.
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