[CPProt.net] Patrimonio cultural en tiempos de amenaza bélica
Ellie Bruggeman
ellie at bruggemansolutions.com
Wed Jul 13 11:01:16 CEST 2005
Patrimonio cultural en tiempos de amenaza bélica
Suiza conmemora el 50° aniversario de la Convención de La Haya para la
protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado,
adoptado por la ONU tras la Segunda Guerra Mundial.
Desde esa fecha el documento se ha ido adaptando continuamente a la
evolución del mundo.
“Nos damos cuenta del valor que tiene el patrimonio sólo cuando lo
perdemos, como Varsovia después de la guerra: una joya destruida por las
atrocidades de la guerra“, afirma François Guex, presidente del Comité
Suizo para la Protección de los Bienes Culturales (CSPBC).
Guex cita, entre otros múltiples ejemplos, los grandes Budas del
acantilado de Bamiyán que demolieron los talibán o la ciudad croata de
Dubrovnik bombardeada durante la guerra en la antigua Yugoslavia.
El patrimonio es la identidad de un pueblo
François Guex subraya la importancia de su trabajo: “Nos hemos dado
cuenta de que cuando se destruye con las armas una gran parte del
patrimonio cultural de una nación, la que se resiente es la identidad de
esa misma nación”.
Esta concienciación se inició al término de la Segunda Guerra Mundial,
cuando después de enterrar a millones de muertos, Europa se percató de
la destrucción masiva de sus riquezas culturales. Catedrales,
bibliotecas, museos, archivos, a veces ciudades enteras fueron demolidas
y borradas de la memoria colectiva.
“Nunca más”, se dijeron los estados beligerantes al firmar, en 1954, la
Convención de La Haya para la Protección de los bienes culturales en
caso de conflicto armado. Se trata de una Convención de la ONU que
somete el patrimonio cultural bajo la protección del derecho
internacional, de igual modo que los Convenios de Ginebra deben proteger
la vida, la integridad y los derechos de los seres humanos.
Historiadores en el Ministerio de Defensa
En Suiza, compete a la Protección de los Bienes Culturales (PBC),
aplicar la Convención de La Haya; un centro de competencia nacional que
depende del Ministerio de Defensa.
“Es verdad. En medio de los militares podemos parecer un pez fuera del
agua, pero en el fondo nuestra presencia aquí tiene su lógica, dado que
nos ocupamos de la distribución de los bienes culturales en caso de
conflicto armado”, afirma con una sonrisa Rino Büchel, colaborador de la
PBC.
Suiza ha tenido la suerte de no verse involucrada en una guerra durante
varios siglos, pero el país ha vivido conflictos civiles. Rino Büchel
cita el más reciente, el que enfrentó a los cantones de Berna y del Jura
hasta finales de la década de los años 1970. En el marco de este
conflicto se destruyó la estatua ‘Fritz’, símbolo de quienes se oponían
a la separación del cantón de Berna.
Este ejemplo ilustra perfectamente lo difícil que es distinguir un
conflicto político de un acto de vandalismo. Y tampoco es tarea fácil
identificar y penalizar a los culpables.
Pero la principal amenaza del patrimonio cultural helvético son las
catástrofes naturales, como los incendios que sufrieron el casco antiguo
de Berna o el famoso Puente de la Capilla de Lucerna. O las
inundaciones, como las que arrasaron el cantón del Valais en el año 2000.
Prevención y colaboración
“Nuestro trabajo es de carácter preventivo”, explica Büchel. “Consiste
en establecer inventarios, pasar los archivos a microfichas, elaborar
planes en caso de catástrofe, construir refugios, formar a los bomberos
y a los responsables de la protección civil.”
El trabajo se realiza en colaboración con el Comité suizo para la
Protección de los Bienes Culturales. Nombrado por el Gobierno, este
órgano reagrupa a unos veinte expertos. Entre ellos figuran arqueólogos,
historiadores del arte y responsables de la protección de los monumentos.
El federalismo helvético impone una colaboración estrecha entre los
centros nacionales, los cantones y las comunas, sobre todo en lo que se
refiere a la aplicación de bases legales, la formación o las
intervenciones concretas.
Pero la colaboración va más allá de las fronteras suizas. Después de las
inundaciones que asolaron a la República Checa, por ejemplo, Berna envió
a un experto y una máquina especial para rescatar los archivos.
Una Convención actualizada
Medio siglo después de la firma de la Convención de La Haya, han
cambiado las misiones, de la misma manera que ha cambiado el mundo. “La
población mundial se ha duplicado, un dato que ha tenido consecuencias
para la ecología, la seguridad y el clima”, explica Rino Büchel.
Y también ha cambiado la naturaleza de los conflictos, agrega François
Guex. “Hay casos en los que el objetivo de los combates no es el
ejército enemigo, sino los símbolos de su identidad cultural, como las
iglesias o las mezquitas.”
Por ello ha sido necesario agregar actualizar la Convención y
especificar las responsabilidades que incumben a cada estado y las
medidas prácticas que deben aplicar. Adoptado por la ONU en 1999, el
Segundo Protocolo Adicional a la Convención de La Haya festeja este 14
de mayo su quinto cumpleaños.
En marzo pasado el Parlamento suizo ratificó el texto, que establece
reglas de comportamiento para respetar lo que merece ser respetado. Un
problema que afronta también el Comité Internacional de la Cruz Roja
(CICR), que en el 2000 publicó un libro sobre el tema.
Responsabilidad de los estados
Con el Segundo Protocolo Adicional, los gobiernos asumen
responsabilidades concretas y “los políticos ya no pueden atribuir la
responsabilidad a los ejecutores materiales de los estragos”, afirma Büchel.
De acuerdo al texto del Protocolo, cada vez que se destruye un bien
cultural, los militares tienen la obligación de rendir cuentas sobre sus
acciones y de demostrar que la destrucción era inevitable.
Los países signatarios del documento se comprometen formalmente a
perseguir a los autores, pero es muy difícil valorar y cuantificar los
crímenes contra el patrimonio cultural. Los jueces encargados de
decretar las penas tienen no tienen una tarea fácil.
Aún así François Guex se muestra optimista: “No podemos cambiar la
humanidad, pero podemos seguir avanzando en la concienciación de la
población. Y esto es en sí un progreso enorme”.
http://www.swissinfo.org
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